Si hay un destino que parece sacado de una película de ciencia ficción y, al mismo tiempo, de un libro de historia antigua, ese es Japón. Para nosotros, que venimos del otro lado del mundo y estamos acostumbrados al caos porteño o a la tranquilidad del interior, aterrizar en Tokio es lo más parecido a bajarse de una máquina del tiempo.
Antes de sacar el pasaje y armar la valija, hay un par de cosas que tenés que saber para que el viaje no se te vaya de las manos. Dar la vuelta al mundo no es poca cosa, son casi 24 horas de vuelo, una diferencia horaria que te deja “dado vuelta” y una cultura que se maneja con códigos totalmente distintos a los nuestros. Por eso, si ya estás mirando viajes a Japón, sentate con un mate y prestá atención, porque esta guía te va a ahorrar más de un dolor de cabeza.
Tabla de contenidos
¿Cuándo viajar a Japón?
Japón tiene las cuatro estaciones súper marcadas, y cada una te ofrece un paisaje totalmente distinto. No importa cuándo vayas, siempre hay algo que te va a dejar con la boca abierta.
Primavera (marzo a mayo): El sueño del Sakura
Es la temporada alta por excelencia. Todo el mundo quiere ver el Sakura (los cerezos en flor). Es hermoso, sí, pero preparate para las multitudes y los precios que suben más de lo normal. Si vas en esta época, tenés que reservar todo con meses de antelación. Caminar por el parque Ueno en Tokio o por el Camino del Filósofo en Kioto bajo una lluvia de pétalos rosas es algo que tenés que hacer una vez en la vida.
Otoño (septiembre a noviembre): La joya escondida
Para muchos viajeros experimentados, esta es la mejor época. El clima es perfecto (fresco pero soleado) y el Momiji (el cambio de color de las hojas a rojos y naranjas intensos) es un espectáculo visual increíble. Es ideal si te gusta la fotografía, porque la luz y los colores de los templos rodeados de arces rojos son inmejorables.
Invierno (diciembre a febrero): Nieve y relax
Si sos fan del esquí o querés ver los Alpes Japoneses cubiertos de un manto blanco, este es tu momento. Además, es la mejor época para disfrutar de los Onsen (baños termales) al aire libre mientras cae la nieve. Es temporada baja, lo que significa menos gente en los lugares turísticos y precios más amigables para el bolsillo argentino.
Verano (junio a agosto): Festivales y humedad
Acá hay que ser sincero: hace mucho calor y la humedad te liquida. Pero no todo es negativo. El verano es la época de los Matsuri (festivales tradicionales) y los fuegos artificiales (Hanabi) más impresionantes del mundo. Si aguantás bien el calor, ver a la gente en yukata (kimono de verano) por la calle y comer en los puestos callejeros es una experiencia muy auténtica.
Qué visitar en Japón
Para un primer viaje, lo ideal es concentrarse en la ruta clásica que une Tokio, Kioto y Osaka. Pero ojo, que dentro de esas ciudades hay “mundos” enteros por descubrir.
Tokio: La megalópolis que nunca duerme
Tokio es inmensa, una ciudad que se siente como diez ciudades juntas. Si te preguntás qué ver en Japón que sea realmente impactante, tenés que empezar por Shibuya. Ver el cruce de peatones más famoso del mundo desde el Starbucks del segundo piso es un clásico, pero después tenés que caminar hacia Harajuku para ver la moda más loca en la calle Takeshita.
Pero eso no es todo. Si querés algo más tranqui y con onda, andá a Shimokitazawa. Es el barrio hípster, lleno de ropa vintage, disquerías y cafés con mucha personalidad. Y si sos un nostálgico de los jueguitos y el anime, Akihabara es tu lugar en el mundo, preparate para perder horas en los edificios de Sega o curioseando en Mandarake.
Kioto: Donde el tiempo se detuvo
Si Tokio es el futuro, Kioto es el alma de Japón. Acá es donde vas a encontrar la mayor cantidad de templos y santuarios por metro cuadrado. Lo más importante es que te tomes el tiempo de caminar por Gion, el barrio de las geishas, al atardecer. Con un poco de suerte, vas a ver alguna apurada yendo a una cita en una casa de té.
Entre las cosas que visitar en Japón, el santuario Fushimi Inari con sus miles de portales (torii) rojos que suben por la montaña es un imperdible.
Osaka: La cocina de la nación
A solo 15 minutos de Kioto en tren bala, Osaka es la hermana rebelde. Es más ruidosa, más colorida y se come mejor que en ningún lado. El barrio de Dotonbori por la noche es un delirio de luces de neón y carteles gigantes (como el famoso Glico Man). Acá la consigna es Kuidaore, que significa “comer hasta caer rendido”.
Qué hacer en Japón para vivir una experiencia auténtica
Viajar no es solo mirar monumentos desde lejos, es mimetizarse con la cultura local. Y en Japón, eso significa animarse a romper la zona de confort.
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Dormir en un Ryokan: Es la posada tradicional japonesa. Vas a dormir en un futón sobre suelo de tatami. Generalmente incluyen una cena Kaiseki (varios pasos súper elaborados) que es una obra de arte. Es una experiencia cara, pero vale cada yen.
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Sumergirse en un Onsen: Son baños de aguas termales naturales. Prestá atención: generalmente se entra totalmente desnudo y los hombres van por un lado y las mujeres por otro. Si tenés tatuajes, chequeá antes de ir porque en algunos lugares todavía son medio conservadores, aunque la cosa está cambiando rápido.
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Cantar en un Karaoke: Pero no como en las películas americanas. En Japón alquilás una sala privada (“box”) con tus amigos, pedís algo de tomar y cantás a los gritos sin que nadie te juzgue.
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Perderse en un Combin: Los locales de conveniencia como Lawson, 7-Eleven o FamilyMart son la salvación del viajero. La comida es fresca, barata y de calidad. El sándwich de huevo (tamago sando) es adictivo, haceme caso.
La gastronomía: Mucho más que solo Sushi
El sushi en Japón es de otro planeta (y mucho más barato que en Argentina si sabés dónde ir), pero el universo culinario japonés es infinito. La comida es, sin dudas, una de las mejores cosas que ver en Japón a través del paladar.
Tenés que probar el Ramen. Cada región tiene su receta: el de Kioto suele ser de soja, el de Fukuoka es de cerdo (Tonkotsu) y es una bomba de sabor. También tenés el Okonomiyaki, que es como una tortilla o pizza japonesa que cocinan frente a vos en una plancha caliente.
Si querés algo rápido y típico de los oficinistas, buscá los puestos de Yakitori (brochetas de pollo) en los callejones conocidos como Yokocho. El más famoso es el de Shinjuku, llamado “Omoide Yokocho” o, cariñosamente, el Callejón de la Orina. No dejes que el nombre te asuste, el ambiente es espectacular.
Lo que no te podés perder de Japón
Si tuvieras que elegir solo tres experiencias para contarle a tus amigos cuando vuelvas, deberían ser estas:
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Nara y sus ciervos sagrados: A una hora de Kioto, Nara es un parque gigante donde los ciervos caminan libres entre la gente. Son considerados mensajeros de los dioses. Podés comprar unas galletitas (shika-senbei) para darles de comer, pero ojo que algunos son medio intensos cuando huelen comida.
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El Monte Fuji: El símbolo de Japón. Podés verlo desde el tren bala si vas de Tokio a Kioto (sentate del lado derecho), o irte hasta Kawaguchiko para verlo reflejado en el lago. Es imponente y transmite una paz increíble.
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TeamLab Borderless o Planets: Son museos de arte digital inmersivo en Tokio. Olvidate de los museos aburridos, acá caminás por el agua, interactuás con las luces y te sentís dentro de un sueño. Ideal para sacar las mejores fotos del viaje.
Tu próximo gran viaje de ensueño
Viajar a Japón es, probablemente, una de las mejores decisiones que podés tomar en tu vida. Es un lugar donde el caos visual de los neones de Shinjuku convive en armonía con el silencio sepulcral de un templo zen. No dejes que la distancia o el idioma te asusten; Japón es un país sumamente fácil de recorrer si vas bien informado.
Es un destino que te invita a volver una y otra vez. Así que, si ya estás decidido a dar el gran salto, no dejes de revisar estos paquetes a Japón para encontrar la opción que mejor se adapte a tu estilo y presupuesto.